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¿Por qué pagar cuando puede ser gratis?
01-Enero-2003


En servicios de telecomunicaciones y tecnología, es cada vez más común que un usuario obtenga un servicio por el que no paga. La piratería se ha convertido en un asunto tan delicado que muchas compañías han comenzado, desde hace algunos años, a mostrar mayor preocupación por el creciente número de usuarios o suscriptores "ladrones" con quienes conviven día a día. La revista "Expansión", en un reportaje titulado "Ladrones High-Tec", publicado en octubre del año pasado, resalta la forma en que tales acciones "piratas" afectan los resultados de las empresas y menciona algunas de las prácticas más comunes que, relacionadas con diferentes industrias, se llevan a cabo. El robo de señales de televisión de paga y el uso indebido de servicios de telefonía celular y de larga distancia son algunas de las prácticas más comunes que se presentan y que se comentan a detalle en dicho reportaje.

Según el artículo, empresas de televisión por cable como Cablevisión, destinan un alto porcentaje de su presupuesto para identificar y erradicar irregularidades en su red. Esta empresa, continúa, estima que existen alrededor de 300,000 usuarios ilegales que utilizan el mismo servicio por el que pagan sus 450,000 suscriptores legales. La Cámara Nacional de la Industria de la Televisión por Cable (CANITEC) considera que el daño al sector por prácticas "piratas" se calcula en unos 200 millones de dólares al año.

¿Por qué se ha incrementado en los últimos años el número de conexiones "piratas", tanto en México, como en muchos otros países? Un reportaje que ofrece el sitio en Internet conocido como FindLaw (http://www.findlaw.com) plantea como interrogante si los suscriptores se han acostumbrado a cometer este tipo de robos. Anteriormente, muchos de los suscriptores molestos por incrementos en las tarifas de los servicios que recibían, optaban por cambiar de proveedor o cancelar el servicio; ahora muchos de ellos eligen una tercera opción: robar. Aunque el incremento de tarifas en servicios de telecomunicaciones provoca que muchos suscriptores molestos opten por robar el servicio, otras personas, principalmente adultos jóvenes, no lo consideran como una práctica buena o mala, sino, más bien, como una cuestión donde evalúan lo que es más conveniente para ellos.

Las personas cometen estos fraudes, no sólo porque la tecnología lo ha hecho posible, sino también por que se ha hecho una costumbre el recibir servicios de entretenimiento en forma gratuita. La distribución de archivos de música y video a través de Internet representa un claro ejemplo de ello y que, como ha sucedido con otras industrias, afecta gravemente a productores, músicos, artistas y representantes.

En total, según se comenta en la nota titulada "Why pay when it's free", la industria estadounidense de las telecomunicaciones, del software y de otras herramientas tecnológicas, reporta, en conjunto, pérdidas por más de 20 mil millones de dólares anuales, sólo por piratería, de los cuales, más de la cuarta parte corresponde a posibles ingresos de los sistemas de televisión por cable. Así mismo, se estima que el número de usuarios "piratas" de señales de televisión vía satélite, calculado en 400,000 hace un par de años, se incrementará a 5.4 millones en el año 2009.

Los negocios por Internet han sido también causantes de estos problemas, pues algunos de ellos instruyen a la gente en el "arte" de robar un servicio en particular, o venden productos que promueven estas prácticas ilegales. Es muy común encontrar en Internet cajas decodificadoras que permiten abrir todos los canales disponibles en una región, y que se ofrecen por unos $300 dólares. Compañías como ésta se protegen de ser acusadas de fraude al publicar, en letras pequeñas, que los usuarios deberán reportar el uso de estos equipos a su compañía local de cable o satelital, cuando, en realidad, su única intención es promover un producto que será utilizado de manera ilegal. Esa idea de aprovechar al máximo la tecnología ha hecho a la gente olvidar cuestiones de ética.

En diferentes sondeos que se llevaron a cabo durante la década pasada, Scott Vitell, profesor de mercadotecnia de la Universidad de Mississippi, encontró que la mitad de los usuarios consideran que "está bien" robar un servicio que puede reproducirse de alguna otra forma o en cualquier otro lugar, como sucede con la programación de un sistema de televisión por cable o con servicios de música digital. Sin embargo, casi todas esas personas coincidieron en que robar una lata de refresco, por ejemplo, está mal. "Mientras el producto original esté aún disponible, no hay ningún problema en copiarlo". Contrario a lo que sucede con un producto tangible, el consumidor no sabe reconocer el valor de la propiedad intelectual.

La velocidad con que ha evolucionado la tecnología y el hecho de que facilita las cosas, hace parecer que la piratería no daña a nadie. Uno de los principales problemas es que ni las leyes ni el sistema educativo avanzan a la par que el desarrollo tecnológico. Ésta es una de las razones por la que la Alianza de Negocios de Software (BSA, por sus siglas en inglés), una organización conocida por perseguir a los negocios que utilizan programas ilegales en diferentes lugares del mundo, recientemente comenzó a publicar material educativo sobre piratería en distintas revistas escolares de los Estados Unidos.

El consumidor presenta una seria resistencia cuando un proveedor pretende cobrarle por los servicios de entretenimiento que ofrece. Cuando esto sucede y la "libertad del consumidor" se ve afectada, éste hará todo lo posible para restablecer la pérdida. A ello, los psicólogos especialistas en consumidores le llaman "reactancia psicológica". Es muy común que suceda que, cuando alguien comienza a sentir que al gozar de un servicio es su derecho recibirlo en forma gratuita, si el proveedor comienza a cobrar por él, quizás no sienta ninguna culpa en evadir tal cobro.

Sea cual fuera la causa de la piratería, los negocios de servicios tecnológicos y de telecomunicaciones deben adaptar nuevas prácticas a la psicología del suscriptor, más que pensar en castigar o demandar a sus propios clientes, consideran expertos. Por el momento, fraudes como éstos parecen no ser un mal erradicable y quienes pretendan continuar en el mercado ofreciendo sus servicios deberán aprender a convivir con ellos.

 

 

 

 

 

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